miércoles, 1 de abril de 2026

La isla de Giani Stuparich + poema CI de Dulce María Loynaz


 

La semana pasada tuvimos la oportunidad de comentar La isla en el club de lectura. Se adjunta una breve reseña de este interesante libro.

La isla de Giani Stuparich (Trieste,1891- Roma,1961), autor de novelas, ensayos y textos autobiográficos. Estudió en Praga y Florencia. Trabajó como profesor de 1921 a 1941. Acusado de pertenecer a la resistencia, en 1945 las SS lo internaron con su madre y su esposa en un campo de concentración de San Sabba. Tras la 2ª Guera Mundial prosiguió con su tarea literaria y periodística en La Stampa , Il Tempo, etc.

La presente edición  publicada por Editorial Minúscula (Barcelona, 2019) y traducida por JÁ González Sainz consta de  119 páginas distribuidas en presentación de Elvio Guagnini + 18 entradas sin numerar + posfacio de Claudio Magris.

 Según obra en la contraportada:

 

Un hombre enfermo pide a su hijo que abandone por unos días las montañas en las que pasa el verano y le acompañe, quizá por última vez, a la isla adriática en la que nació. El reencuentro en ese paisaje luminoso, teñido de recuerdos, resulta decisivo para ambos.

Uno descubrirá lo que significa dejar descendencia; el otro afrontará el sentido de la pérdida. El estilo elegante y contenido de esta narración, publicada por primera vez en 1942, la convierte a juicio de muchos en la obra maestra de Giani Stuparich. La isla es, en palabras de Claudio Magris, «un relato admirable de vida y de muerte, no conjurada sino mirada sin piedad cara a cara».

 Y a continuación, el  poema 101  de la escritora cubana Dulce María Loynaz (1902-1997)

POEMA CI

La criatura de isla paréceme, no sé por qué,

una criatura distinta.

Más leve, más sutil, más sensitiva.

 

Si es flor, no la sujeta la raíz;

si es pájaro, su cuerpo deja un hueco en el viento;

si es niño, juega a veces con un petrel, con una nube...

 

La criatura de isla trasciende siempre al mar

que la rodea y al que no la rodea.

 

Va al mar, viene del mar y mares pequeñitos

se amansan en su pecho,

duermen a su calor como palomas.

 

Los ríos de la isla son más ligeros que los otros ríos.

Las piedras de la isla

parece que van a salir volando...

 

Ella es toda de aire y de agua fina.

Un recuerdo de sal, de horizontes perdidos,

la traspasa en cada ola,

y una espuma de barco naufragado

le ciñe la cintura, le estremece la yema de las alas...

 

Tierra firme llamaban los antiguos

a todo lo que no fuera isla.

La isla es, pues, lo menos firme,

lo menos tierra de la Tierra.

 

                   

                   De Poemas sin nombre                             

                  Dulce María Loynaz

                  (La Habana, 1902-ídem, 1997)