La semana pasada tuvimos la
oportunidad de comentar La isla en el
club de lectura. Se adjunta una breve reseña de este interesante libro.
La isla de
Giani Stuparich (Trieste,1891- Roma,1961), autor de novelas, ensayos y textos
autobiográficos. Estudió en Praga y Florencia. Trabajó como profesor de 1921 a
1941. Acusado de pertenecer a la resistencia, en 1945 las SS lo internaron con
su madre y su esposa en un campo de concentración de San Sabba. Tras la 2ª
Guera Mundial prosiguió con su tarea literaria y periodística en La Stampa , Il Tempo, etc.
La presente edición publicada por Editorial Minúscula (Barcelona,
2019) y traducida por JÁ González Sainz consta de 119 páginas distribuidas en presentación de
Elvio Guagnini + 18 entradas sin numerar + posfacio de Claudio Magris.
Según obra en la contraportada:
Un hombre enfermo pide a su hijo
que abandone por unos días las montañas en las que pasa el verano y le
acompañe, quizá por última vez, a la isla adriática en la que nació. El
reencuentro en ese paisaje luminoso, teñido de recuerdos, resulta decisivo para
ambos.
Uno
descubrirá lo que significa dejar descendencia; el otro afrontará el sentido de
la pérdida. El estilo elegante y contenido de esta narración, publicada por
primera vez en 1942, la convierte a juicio de muchos en la obra maestra de
Giani Stuparich. La isla es, en palabras de Claudio Magris, «un relato
admirable de vida y de muerte, no conjurada sino mirada sin piedad cara a
cara».
POEMA CI
La
criatura de isla paréceme, no sé por qué,
una
criatura distinta.
Más
leve, más sutil, más sensitiva.
Si es
flor, no la sujeta la raíz;
si es
pájaro, su cuerpo deja un hueco en el viento;
si es
niño, juega a veces con un petrel, con una nube...
La
criatura de isla trasciende siempre al mar
que la
rodea y al que no la rodea.
Va al
mar, viene del mar y mares pequeñitos
se
amansan en su pecho,
duermen
a su calor como palomas.
Los
ríos de la isla son más ligeros que los otros ríos.
Las
piedras de la isla
parece
que van a salir volando...
Ella
es toda de aire y de agua fina.
Un
recuerdo de sal, de horizontes perdidos,
la
traspasa en cada ola,
y una
espuma de barco naufragado
le
ciñe la cintura, le estremece la yema de las alas...
Tierra
firme llamaban los antiguos
a todo
lo que no fuera isla.
La
isla es, pues, lo menos firme,
lo
menos tierra de la Tierra.
De Poemas sin nombre
Dulce María Loynaz
(La Habana, 1902-ídem, 1997)

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