martes, 21 de abril de 2026

Recital poético musical del 20 de abril + recordatorio al comentario de "El tiempo de los lirios"

 






Los organizadores del recital con poetas participantes







EL TIEMPO DE LOS LIRIOS
 
El tiempo de los lirios
, escrito por Vicente Valero (Ibiza, 1963) puede considerarse un libro de viajes siguiendo una ruta muy precisa en torno a la vida de Francisco de Asís (1181-1226) de cuya muerte se cumplen este año ocho siglos.
La edición que hemos leído ha sido publicada por la Editorial Periférica (Cáceres, 2024) y consta de 215 páginas + índice, distribuidas en 15 entradas o capítulos correspondientes a quince días consecutivos (desde el 28 de marzo al 11 de abril) que relatan el recorrido de la ruta franciscana.
 
Y según obra en la contraportada: En el siglo XIII muchos entendieron que se iniciaba una nueva era para la humanidad: el llamado tiempo de los lirios, un tiempo nuevo, lleno de paz y justicia, con una Iglesia renovada y un mundo organizado en pequeñas comunidades contemplativas. Esa creencia estaba auspiciada por, entre otras cosas, las enseñanzas y el ejemplo de Francisco de Asís, quien, según descubre el autor al llegar a la región italiana de la Umbría, sigue muy ligado a sus paisajes, sus ciudades o su arte. A medida que recorre la comarca que destaca por su sobriedad: pueblos medievales, mucha piedra y amplios valles, todo envuelto en un refinado halo místico, nuestro viajero se entrega a la contemplación de frescos y a desentrañar los misterios del santo de Asís a través de la huella que el fraile y la propia región dejaron en la obra de artistas de todas las épocas, desde los pintores del primer Renacimiento en especial el enigmático Giovanni di Pietro, Lo Spagna hasta autores como Goethe, Montaigne, lord Byron, Hermann Hesse, Simone Weil, Chesterton, Saramago, Franz Liszt o Pasolini. Emparentado con los cínicos e inspiración para los movimientos utópicos de todo tiempo y lugar, aquel joven e iluminado Francisco despreciaba el dinero y practicaba la pobreza voluntaria y la predicación para advertir a una sociedad y a una Iglesia contaminadas por el afán de riquezas, así como para encontrar el viejo y casi olvidado camino de la sabiduría o de la salvación. Como si hubiera vislumbrado y comprendido el futuro, se opuso con determinación al imparable curso económico y moral de la Historia, de ahí que sea una figura constantemente revisitada.
Tirando de diversos hilos, con un estilo ameno y una prosa nítida y elegante, Valero capta el encanto de una región fértil e inquieta, en el plano espiritual y en el artístico, a la que tanto debe la cultura europea.
 


miércoles, 1 de abril de 2026

La isla de Giani Stuparich + poema CI de Dulce María Loynaz


 

La semana pasada tuvimos la oportunidad de comentar La isla en el club de lectura. Se adjunta una breve reseña de este interesante libro.

La isla de Giani Stuparich (Trieste,1891- Roma,1961), autor de novelas, ensayos y textos autobiográficos. Estudió en Praga y Florencia. Trabajó como profesor de 1921 a 1941. Acusado de pertenecer a la resistencia, en 1945 las SS lo internaron con su madre y su esposa en un campo de concentración de San Sabba. Tras la 2ª Guera Mundial prosiguió con su tarea literaria y periodística en La Stampa , Il Tempo, etc.

La presente edición  publicada por Editorial Minúscula (Barcelona, 2019) y traducida por JÁ González Sainz consta de  119 páginas distribuidas en presentación de Elvio Guagnini + 18 entradas sin numerar + posfacio de Claudio Magris.

 Según obra en la contraportada:

 

Un hombre enfermo pide a su hijo que abandone por unos días las montañas en las que pasa el verano y le acompañe, quizá por última vez, a la isla adriática en la que nació. El reencuentro en ese paisaje luminoso, teñido de recuerdos, resulta decisivo para ambos.

Uno descubrirá lo que significa dejar descendencia; el otro afrontará el sentido de la pérdida. El estilo elegante y contenido de esta narración, publicada por primera vez en 1942, la convierte a juicio de muchos en la obra maestra de Giani Stuparich. La isla es, en palabras de Claudio Magris, «un relato admirable de vida y de muerte, no conjurada sino mirada sin piedad cara a cara».

 Y a continuación, el  poema 101  de la escritora cubana Dulce María Loynaz (1902-1997)

POEMA CI

La criatura de isla paréceme, no sé por qué,

una criatura distinta.

Más leve, más sutil, más sensitiva.

 

Si es flor, no la sujeta la raíz;

si es pájaro, su cuerpo deja un hueco en el viento;

si es niño, juega a veces con un petrel, con una nube...

 

La criatura de isla trasciende siempre al mar

que la rodea y al que no la rodea.

 

Va al mar, viene del mar y mares pequeñitos

se amansan en su pecho,

duermen a su calor como palomas.

 

Los ríos de la isla son más ligeros que los otros ríos.

Las piedras de la isla

parece que van a salir volando...

 

Ella es toda de aire y de agua fina.

Un recuerdo de sal, de horizontes perdidos,

la traspasa en cada ola,

y una espuma de barco naufragado

le ciñe la cintura, le estremece la yema de las alas...

 

Tierra firme llamaban los antiguos

a todo lo que no fuera isla.

La isla es, pues, lo menos firme,

lo menos tierra de la Tierra.

 

                   

                   De Poemas sin nombre                             

                  Dulce María Loynaz

                  (La Habana, 1902-ídem, 1997)