PRESENTACIÓN DE EDAD SIN TIEMPO
En un acto organizado por el Ateneo Navarro y llevado a cabo en el Colegio Mayor Larraona el 1 de marzo de 1991, Emilio Echavarren llevó a cabo la presentación de este poemario junto con Nocturnos sin protocolo de Alfonso Pascal Ros. En la mesa de presentación nos acompañaba el poeta Ángel Urrutia, director de Medialuna Ediciones.
Mª Socorro Latasa nos presenta hoy su segundo poemario: Edad sin tiempo. Con anterioridad ha publicado Arpegios de sombra herida.
El poemario, al amparo de una hermosa paradoja, está estructurado en tres partes: “Retazos de interior”, “Semblantes” y “Edad sin tiempo”, que da título al libro. La primera parte es la más extensa.
El poema “Alumbramiento” es una declaración metapoética que explica las coordenadas en las que se va a enmarcar todo el libro:
Disociada en el reflejo de los sauces,
ebria de sombras incendiadas, llegas insomne.
Y como híbridas de amor e incertidumbre sientes
la gestación de signos
surcando la blancura de la noche, algo
que sueña ser poema.
No le niegues su sueño n quiebres su esperanza.
No permitas que en su corazón anide angustia.
Déjalo ser. Así.
Deja que se a su imagen el vivo impulso del árbol
Arraigado en el sendero de tus días.
Y escucha. Atiende entera su llamada
desde su savia sangre,
desde su sangre llama.
Al curso de sus latidos pregunta ya
quién es el hombre,
quién eres tú,
por qué comienzan a temblar sus ramas.
¿Por qué?
No es casual que, tras la nebulosa en la que, según la autora, se gesta la creación poética, el poema concluya con una larga serie de inquietos interrogantes.
Para la autora la poesía tiene la capacidad de indagar, la fuerza de la búsqueda, el impulso hacia la introspección, el descubrimiento personal. Por ello la poeta se lanza con fe a creer y a crear un mundo poético. La poesía es una manera de ser uno mismo
El poemario se abre con la certeza de la autoafirmación. El primer poema lleva por título
SOY
Porque soy esencia trascendida
de otro sueño,
yo incendié las sombras
con mi canto
y ardieron los silencios.
Todo el libro está imbuido de esencialidad y de existencialidad. El hombre se encuentra cercado por preguntas imposibles de contestar. El hombre vive desconcertado. La poeta no aporta respuestas, pero al menos es capaz de acompñar y de subrayar los interrogantes:
DISCERNIMIENTO
El hombre, tiempo cercado por sus huellas
abocado a la costumbre de vivir,
es pura contradicción.
Y yo, cotidiano quehacer,
creciente interrogante abierto al infinito,
mínimo canto soy.
Tus ramas, muñón de sueños ateridos,
tiemblan cuando el aire torna fuego
tu libre esencia.
Pero no te detengas. Debemos seguir
creciéndonos en esta
lluvia de silencios.
Tras estos primeros “Retazos de interior”, en los que se exponen los problemas inherentes del yo, aparece “Semblantes”, que corrobora con tres ejemplos externos las ideas expuestas anteriormente, Se trata de tres poemas que, como era de esperar, están escritos en tercera persona. Son tres perdedores. El titulado “Hace frío, abuelo” dice así en sus dos primeras estrofas:
Solitario en la frontera de la senectud,
-varado en mar de invierno- mirando atrás
¡qué lejos, qué lejos su primavera!
Duerme ya su corazón.
Duerme al norte de su espera. Duerme;
mientras la esfera del tiempo
tenaz golpea el hondo latir de su tristeza...
La última parte, “Edad sin tiempo”, es un canto a la libertad. La autora, a pesar de todo lo expuesto anteriormente, “ sin miedo a los mastines que aullaron en el alba”, proclama su fe en la libertad: “libertaré las sombras que a mi alma encadenaron”. De todos los poemas que forman esta parte final, quizás el que se titula “Tras la estela de otra aurora” exprese con mayor claridad esta idea:
Mientras mi voz aliente un vaho de esperanza,
quiero decir la noche como un acorde limpio.
Y dejo mi ventana abierta a las estrellas.
Sin miedo a los mastines que aullaron en el alba,
libertaré las sombras que a mi alma encadenaron.
Y volveré
para hilvanar el sueño
que yo dejé olvidado al otro
lado de la orilla.
El verso libre fluye con naturalidad y con pulcritud. Los poemas, muchas veces introducidos por citas- León Felipe, Pablo Neruda, Luis Cernuda, Ángel Urrutia, Vicente Aleixandre, Aureliano García Tello, Paul Valéry- guardan equilibrio entre la concreción y la reiteración.
En suma. Se trata de un libro hondo, bien concebido y bien estructurado. En sus versos palpita la certeza de una voz profunda y hermosa, una voz de verdadera poeta.
Emilio Echavarren
Emilio Echavarren

No voy a cometer la torpeza de querer definir la poesía, pero recordando a Gabriel Miró diría que la poesía no es un ornamento que se superpone sobre la existencia sino su culminación. Pues hay impresiones que no lo son del todo hasta que no reciben la fuerza lírica de la palabra. Y esto que acabo de decir podría explicarlo con un ejemplo. Recuerdo que un atardecer yo escuchaba música de guitarra y la emoción de aquel instante sólo logré vivenciarla y alcanzó su plenitud con la afluencia de estas palabras: Arpegios de sombra herida.
Arpegios porque era la sucesión de sonidos derivados de un acorde.
Sombra: Era el atardecer. Las luces iniciaban su partida.
Herida: Por el puro dolor de saberme tiempo indetenible. “Y hagamos lo que hagamos siempre estamos en la actitud del que se va. Vivimos en constante despedida”, según Rilke.
Y si bien es cierto que todo presente es umbral de un futuro, es también tiempo crítico, de crisis, de escisión. Es el punto referencial en el que se quiebra en dos aquello que fue y eso incierto que puede ser.
Tal como escribiera Borges: “No me explico cómo el tiempo pasa, yo que soy tiempo y sangre y agonía”
Pero me refiero a la agonía en su sentido etimológico de lucha, esto es: como proceso de indagación y búsqueda orientada en última instancia a pulsar la armonía que subyace tras la íntima contradicción de las cosas y los seres.
A veces lucha y armonía quedan identificadas en el puro discurrir creativo, en el ejercício y desarrollo de las propias facultades, en la apertura hacia los otros -comunicación- y en el retorno a la naturaleza.
Así, pues, el título es en sí mismo una pura sinestesia, es decir: una fusión de sensaciones. Arpegios hace referencia a una sensación auditiva. Sombra a una sensación visual y herida a una sensación más honda y sutil.
El primer poema que voy a leer toma como punto de partida el proceso creativo, las motivaciones que me impulsan a escribir. Entonces lo que pretendo hacer es ahondar en esa región de niebla -abierta a todo lo posible- donde indaga el intelecto a la voluntad creativa que ignora sus límites, no sabe de dónde a dónde.
RAÍZ DE NIEBLA
I
¿De dónde a dónde? No; no sabes.
De silencio a silencio repta el áspid
de los días. Repta el áspid
mientras cuentas el tiempo por latidos
o recorres la distancia
que media entre dos pausas,
quedándote en suspenso,
así...como esperándote,
como si dentro de ti
la vida fuera un río abierto
al puro discurrir de la costumbre.
¿Y ese flujo de sombras?
¿Y esa urgencia de versos?
¿De dónde a dónde?
...No; no sabes.
II
De solsticio a solsticio se estremece el paisaje,
se estremece la sangre. Te averiguan las aguas
de la inhóspita incertidumbre. Y no sabes...
¿Ignoras el camino? ¿Cuestionas la andadura?
¿O en remolino de formas
-perpetrados los senderos hacia el sueño-
intuyes que hubo un siempre amaneciendo origen,
frecuencias sucesivas fibrando pensamiento,
cristalizando en memoria
la cruel inocencia de los días?
Y no sabes con qué latencia de signos
la extrema difracción de lo real
cierne al ser en alarido.
No sabes...
III
Donde dice sun hombre pintas un árbol.
Desde el dominio de su sombra,
bajo sus ramas abiertas,
crees en la sed de sus raíces.
Y dejas caer la voz,
dejas
caer
la voz
quedándote en suspenso
así...como esperándote
-tú misma raíz y niebla-
igual que si buscaras los abismos
donde habita la luz intransitable.
Y no sabes...
En el poema siguiente, atizada por el ramalazo de la voluntad creativa me rebelo ante la ignorancia, el desconocimiento, la sinrazón, la indiferencia, la mentira. Y en una noche de tormenta, mientras crecía el desconcierto, desde mi semblante yo clamaba por la luz de un solo verso.
DESDE MI SEMBLANTE
Pero heme aquí alzada en rebeldía.
Antes de que al alba
aullen los silencios,
sorbo la agonía de las manos de mi estirpe.
Fluyo por la hondura de los ríos destrozados.
Tenso los látigos de la razón pura.
Fustigo la oquedad.
A puñales de niebla, rompo los espacios
de la sutil indiferencia.
Estrello el alma en los peldaños de la ira.
Quiebro los cristales
de un cielo en espejismo. Muero un poco más.
Y a voz caída, desde mi semblante,
bajo la noche
encendida de relámpagos, clamo por la luz
de un solo verso.
Un solo verso.
En los poemas siguientes hay un afán de ruptura, no sólo en lo que concierne en la forma. Y como sucede en toda ruptura hay dolor. A través del dolor aprendo transparencias, aprendo a esperarme y a esperar la voz herida de mis silencios. Y sangran las espigas del silencio y duele la penumbra de las manos, a la par que crece mi interés por la búsqueda de nuevos elementos expresivos, basándome en el estudio de las sensaciones e intentando aunar inteligencia y sensibilidad.
MAR ADENTRO MI VOZ
¡...Si yo pudiera hablar
de tanta luz que muere con la aurora...!
I
Y después de tanto frío
de tanta lluvia
o sueño,
sé que esperas mi voz,
doliente junco,
como un latido urgente
donde amarrar
el alma
de tanta luz que muere
con la aurora;
pero, extravias las alas
de la ausencia,
hoy...hoy se quiebran
mis paredes
y estoy sangrando.
II
Y sangran las espigas
del silencio.
Y duele la penumbra
de las manos.
Y en vértigo de sombras,
fluyéndome:
mar adentro
mi voz
mar adentro,
mordiendo un látigo de llanto
en las raíces,
estalla en fuego virgen
el rojo corazón
de mis latidos.
Y sé decir, igual que oscuras nubes
de ceniza,
la extraña curvatura
del espanto,
la lenta agonía de los páramos
o el cansancio de nieve
que destilan las cumbres
III
Y así fluyéndome:
mar adentro
mi voz
mar adentro,
estoy diciendo
el alba o la noche
como un temblor azul
de pájaros,
las alas rotas
de los sueños ateridos,
los ojos ciegos
de las piedras del camino
y sus aristas
de luz.
O el blanco amanecer,
el rocío y la sed
de la azucena de niebla
arraigada en mi alma.
“Estoy en deuda con todos los amigos
que llenaron de imágenes mis ojos
y de ríos de lava mis conceptos”
Charo Fuentes
POR SI ME BUSCAN TUS LÁGRIMAS UN DÍA
Por si me buscan tus lágrimas un día...
Aquí mi voz:
En la vertiente aliada con la vida
-verde ladera de paz para mi canto-
aunque a veces , lentamente, la tristeza
va lamiendo el corazón de las heridas
y muere la luz.
Como en los días diáfanos
-en pie y con los ojos limpios-
sobrevolando los pulsos de mi sombra
incendiaré el cansancio de lunas repetidas
hasta que salga el sol.
Hasta que salga, fiel a mis raíces.
remontaré el vuelo cenital de mis latidos
-desde el primer asombro
hasta el penúltimo temblor de la memoria-
Y cuando anochezca en las espigas de mi sangre
o se alce en quiebra la cadencia del azul
en mis arterias,
a siete mares de luz y un río de distancia
me perderé en el aire.
Una lluvia de rosas cubrirá mi silencio.
Ignoro si después, en alas de la brisa,
podré tornar mi rienda
hacia la albrua de tus lirios sonriendo
para decir sin palabras:
Desde mi infancia de nidos y de alondras
hasta toda mi existencia
qué humano horizonte
la tierra de tus manos.
Y finalmente voy a leer
ACASO RECORDAR...
Tras esta lluvia de arpegios,
al son de anhídridas vivencias,
acaso recordar...
Nos precedió el silencio,
la escarcha -frontera de otros pasos-
Nos precedió el instinto
de hurgar la tierra con las manos,
aproximarnos al fuego
-prender la lumbre-
fluir contra corriente
cauce arriba sin noche.
Nos precedió la sed, el aire,
la plenitud de un día
al otro lado del sueño.
Nos precedió el asombro.
Y ahora, de madrugada,
con la voz transida de expresiones
nos precede la luz de los primeros rayos.