domingo, 21 de diciembre de 2014

Dos sonetos de Sara de Ibáñez

 
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ISLA EN LA LUZ


Se abrasó la paloma en su blancura.
Murió la corza entre la hierba fría.
Murió la flor sin nombre todavía
y el fino lobo de inocencia oscura.

Murió el ojo del pez en la onda dura.
Murió el agua acosada por el día.
Murió la perla en su lujosa umbría.
Cayó el olivo y la manzana pura.

De azúcares de ala y blancas piedras
suben los arrecifes cegadores
en invasión de lujuriosas hiedras.

Cementerio de angélicos desiertos:
guarda entre tus dormidos pobladores
sitio también para mis ojos muertos.

                                                  Sara de Ibáñez (1909 – 1971)
                                                   




ISLA EN LA TIERRA

Al norte el frío y su jazmín quebrado.
Al este un ruiseñor lleno de espinas.
Al sur la rosa en sus aéreas minas,
y al oeste un camino ensimismado.

Al norte un ángel yace amordazado.
Al este el llanto ordena sus neblinas.
Al sur mi tierno haz de palmas finas,
y al oeste mi puerta y mi cuidado.

Pudo un vuelo de nube o de suspiro
trazar esta finísima frontera
que defiende sin mengua mi retiro.

Un lejano castigo de ola estalla
y muerde tus olvidos de extranjera,
mi isla seca en mitad de la batalla.

                                                              Sara de Ibáñez (1909 –1971)


Sara de Ibáñez, igual que sus antecesoras, tomó el apellido de su esposo el también poeta  Roberto Ibáñez. Su nombre  de soltera era  Sara Iglesias Casadel. Nació  en Chamberlain, Tacuarembó (Uruguay) el 10 de enero de 1909.

Aunque escribía desde niña, no publicó su primer libro de poemas hasta cumplidos los 30 años, Canto (1940) , al que siguieron Canto a Montevideo en 1941, Hora Ciega en 1943, Pastoral en 1948, Artigas en 1951, Las estaciones y otros poemas en 1957, La batalla en 1967, Apocalipsis 20 en 1970 y Canto póstumo en 1972.

Su poesía se encuentra a medio camino entre el preciosismo y el hermetismo. Entre sus temas se hallan la angustia existencial, el desamparo, la muerte, el amor, la relación hombre-Dios, el sentimiento patriótico en Canto a Montevideo,  la condena a la guerra en Hora ciega.

Exigente consigo misma, buscaba la perfección formal, así como la pureza expresiva y transparencia de imágenes.

 Obtuvo el Premio de la Academia Nacional de Letras y el Premio Nacional de Literatura.
 
Falleció en Montevideo el 3 de abril de 1971, a los 62 años.

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