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viernes, 28 de junio de 2013
jueves, 27 de junio de 2013
Tres poemas de de Nicanor Parra
Lo queramos o no
sólo tenemos tres alternativas:
el ayer, el presente y el mañana.
Y ni siquiera tres
porque como dice el filósofo
el ayer es ayer
nos pertenece sólo en el recuerdo:
a la rosa que ya se deshojó
no se le puede sacar otro pétalo.
Las cartas por jugar
son solamente dos:
el presente y el día de mañana.
Y ni siquiera dos
porque es un hecho bien establecido
que el presente no existe
sino en la medida en que se hace pasado
y ya pasó...
como la juventud.
En resumidas cuentas
sólo nos va quedando el mañana:
por ese día que no llega nunca
pero que es lo único
de lo que realmente disponemos.
Pensamientos
Qué es el hombre
se pregunta Pascal:
Una potencia de exponente cero.
Nada
si se compara con el todo.
Todo
si se compara con la nada:
Nacimiento más muerte:
Ruido multiplicado por silencio:
Medio aritmético entre el todo y la nada
Me retracto de todo lo dicho
Antes de despedirme
Tengo derecho a un último deseo:
Generoso lector
quema este libro
No representa lo que quise decir
A pesar de que fue escrito con sangre
No representa lo que quise decir.
Mi situación no puede ser más triste
Fui derrotado por mi propia sombra:
Las palabras se vengaron de mí.
Perdóname lector
Amistoso lector
Que no me pueda despedir de ti
Con un abrazo fiel:
Me despido de ti
con una triste sonrisa forzada.
Puede que yo no sea más que eso
pero oye mi última palabra:
Me retracto de todo lo dicho.
Con la mayor amargura del mundo
Me retracto de todo
lo que he dicho.
El poeta chileno
Nicanor Parra Sandoval nació en San Fabián de Alico el 5 de septiembre de 1914.
Su padre era maestro y músico y su madre, tejedora y folklorista. Alternó sus
estudios de matemáticas, física y mecánica teórica y su ejercicio como catedrático
en esas especialidades con el quehacer literario; cofundador de la Revista
Nueva.
Dentro
de la literatura chilena, se le sitúa
en la generación posterior a Vicente Huidobro y Pablo Neruda. Compartió
con otros poetas, como Humberto Díaz Casanueva y Braulio Arenas, la adhesión al
surrealismo, aunque el primero se orientó hacia el motivo de la poesía como
conocimiento, el segundo a la relación del lenguaje con lo maravilloso, y el
propio Parra a la convivencia e
inmersión de la poesía con lo cotidiano y, a través del humor, a la ruptura con
cualquier asomo de solemnidad. En su poema “Manifiesto” declara que ‘los poetas
bajaron del Olimpo’, que ‘el poeta es un hombre como todos/ Un albañil que
construye su muro: /Un constructor de puertas y ventanas’, y denuncia a
aquellos que construyen ‘castillos en el aire’, que malgastan ‘el espacio y el
tiempo/ redactando sonetos a la luna’ o agrupan ‘palabras al azar/ A la última
moda de París’.
Aunque inicialmente evocativo y sentimental, como en Cancionero
sin nombre (1937), no tardó en adoptar definitivamente la línea que él
mismo denominó “antipoesía”, revelación irónica e iconoclasta de un mundo
problemático, hecha en lenguaje antirretórico, coloquial, muchas veces
provocador. Su proyección
internacional comenzó en Poemas y antipoemas (1954) y se prolongó en
obras como Versos de salón (1962) y Sermones y prédicas del Cristo de Elqui (1977). En 1969
obtuvo el Premio Nacional de Literatura, en 1991 el Premio Juan Rulfo, en su
primera entrega, y en 2001 el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana. En
2001 presentó Páginas en blanco, una antología de toda su obra poética, y en
2007 publicó el primer tomo de sus obras completas: Obras completas y algo
más (1935-1972).
Parra es también un
artista que ha expuesto su obra visual en Estados Unidos, España y, por
supuesto, Chile. Su exposición
mediática Obras públicas (2006),
presentada en el Centro Cultural Palacio de La Moneda ha sido instalada
recientemente en Madrid en la Biblioteca Nacional.
El 1 de diciembre de 2011 fue galardonado con el
premio Cervantes, convirtiéndose en el tercer chileno que lo recibe —después de Jorge Edwards
en 1999 y Gonzalo Rojas en 2003- El 7 de junio de 2012 se le adjudicó el
Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda.
jueves, 13 de junio de 2013
DE ESTO Y AQUELLO
PRESENTACIÓN DE APUNTES DE ESTO Y AQUELLO
Dedicado
a José María Domench y a Carlos Mata, el nuevo libro de Rafael López de
Ceráin Apuntes de esto y aquello (sahats, Pamplona 2013), se abre con un
recordatorio o "una cierta idea" sobre
qué se entiende por aforismo según la definción del DRAE y la razón de esos 226 apuntes que se van sucediendo, más un epílogo del
profesor e investigador Carlos Mata quien tiene a bien señalar: “se aprecia en el libro cierta
evolución desde unos primeros apuntes que presentan un tono más poético y una
puntuación más libre hasta aquellos otros en los que lo reflexivo predomina
sobre lo lírico y en los que se adopta una puntuación más sintáctica”
El paso del tiempo, el
recuerdo, la memoria, la libertad, el azar, la soledad, el dolor, la
enfermedad, el sufrimiento, el amor, la búsqueda de la belleza... En
definitiva, la vida y sus vicisitudes son los temas que se concentran en estos
apuntes, con el añadido “Algún apunte más”, homenaje a su padre y donde
concluye con esta suerte de sentencias:
No te envanezca el
triunfo,
ni te amilane el
fracaso.
Lo difícil es destacar
en la normalidad.
La libertad es la capacidad
de autolimitación.
Nunca juzgues a los demás
a través de tu propio prisma
personal.
No exijas a los demás lo que te
exiges a ti mismo
Y, menos, lo que no te exijas.
DE OTROS LIBROS Y AUTORES
Y entre los libros
leídos y recordados están los de Marina Aoiz, Daniel Aldaya, José Luis Allo,
Javier Asiain, Isabel Blanco, Charo Fuentes, Maite Perez Larumbe. Los seis
poetas antologados en Urre Aroa de Alfredo Rodríguez, Retrato de un hilo de Francisco Javier Irazoki, Principio de
Pascal de Alfonso Pascal Ros y
sus once de gala junto a su padre.
Si estos son algunos
de los que siguen, los hay también
que empiezan a publicar como Enrique Huarte con Sueños que se van. El libro consta de noventa poemas de desigual medida y extensión,
sin estructura definida ni partes
diferenciadas. Son versos libres de carácter intimista, de inspiración más
musical que propiamente literaria
y donde el amor, la amistad, el tiempo y los recuerdos quedan reflejados en
este poemario.
O los jovencísimos
autores (chicos y chicas) de los
dieciocho relatos (diez en euskera y ocho en castellano ) correspondientes al
VII concurso de relato breve Villa de Aoiz 2013 editado por el Ayuntamiento con la colaboración del
Colegio + IESO San Miguel y Casa de Cultura de Aoiz.
viernes, 31 de mayo de 2013
martes, 28 de mayo de 2013
Fragmento de "El pensamiento vivo de Séneca" de María Zambrano
El fragmento corresponde al libro que lleva por título El
pensamiento vivo de Séneca publicado en
1944, durante el exilio americano de su autora. Ya en la introducción, María
Zambrano deja en resalte la actualidad de Séneca, su universalidad, su actitud
de mediador, así como la razón desvalida. La figura del sabio cordobés se
pergeña en una selección de textos donde se manifiesta la estoica resignación y
aceptación de la condición humana a través de los escritos dirigidos a Polibio,
Helvia y Marcia, de los tratados sobre la tranquilidad del ánimo, de la
brevedad de la vida, de la clemencia, de la vida bienaventurada, de cuestiones
naturales y en las cartas a
Lucilo.
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María Zambrano |
María
Zambrano (Vélez, Málaga 1904 – Madrid
1991) Ensayista y filósofa
española. Nacida en la localidad malagueña de Vélez-Málaga. Sus padres Blas Zambrano García de Carabante y Araceli Alarcón
Delgado, eran ambos maestros. En 1908 su familia se traladó a Madrid. Más
tarde, en 1909, se afincaron en Segovia donde transcurre su
adolescencia, porque a su padre Blas le habían otorgado la cátedra de
Gramática Castellana en la Escuela Normal de Maestros de la ciudad, mientras
María estudió en el Instituto de Segovia.
De nuevo en Madrid
fue discípula de José Ortega y Gasset, Xavier Zubiri y Manuel García Morente.
Ejerció como profesora en la Universidad de Madrid y colaboradora en las
publicaciones Revista de Occidente, Cruz y Raya y Hora de España, entre otras.
Durante la Guerra Civil española (1936-1939) participó en algunas comisiones de
ayuda humanitaria y cultural, y se exilió en México en 1939. Profesora de la
Universidad de Morelia, se trasladó muy pronto a La Habana (Cuba), en cuya universidad
enseñó durante varios años, así como en la Universidad de Puerto Rico.
Posteriormente vivió en Francia, Italia y Suiza antes de su regreso definitivo
a España, en 1984. En 1981 le fue concedido el Premio Príncipe de Asturias de
Comunicación y Humanidades, y en 1988 el Premio Cervantes.
Persigue la superación del racionalismo a través de una razón
poética en contraposición a la razón occidental que, desde Platón hasta el
idealismo alemán, ha ido construyendo un logos desencarnado,
desarraigado, que desprecia la vida; un espíritu que niega lo inmediato para
afirmar la libertad absoluta. Frente al logos que hace del hombre un ser
exiliado y nihilista, María Zambrano propone una “razón poética", una
mediación que sin caer en el irracionalismo desesperanzado, recupere el
contacto con la tierra
Así, la filosofía sería una tarea de construcción e
interpretación de símbolos. De ahí deriva el hecho de que uno de sus temas
fundamentales estribe en el análisis de lo que denomina “razón poética”, ya
presente en Claros del bosque (1977), y en el tono literario de muchos de
sus escritos, que parecen alejados del análisis técnico tradicional en la
investigación filosófica. Zambrano señaló, además, la relevancia de lo que
denominaba el “saber del alma”, que queda unido a su reflexión sobre la
esperanza y sobre la urgencia de lo divino en la vida humana. Ejemplos de esto
último serían Hacia un saber sobre el alma (1950) y El hombre y lo
divino (1955). Entre el resto de su obra merecen ser destacadas: Horizonte
de liberalismo (1930), Filosofía y poesía (1939), Pensamiento y
poesía en la vida española (1939), La agonía de Europa (1945), El sueño
creador (1965) y De la aurora (1986). En 1993 se publicó
una antología, La razón de la sombra.
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Cambrils |
viernes, 24 de mayo de 2013
sábado, 11 de mayo de 2013
Texto de Ana María Matute
A
veces pienso cuánto me gustaría viajar a través de un cerebro infantil. Por lo
que recuerdo de mi propia niñez, creo debe de tener cierto parecido con la
paleta de un pintor loco; un caótico país de abigarrados e indisciplinados
colores, donde caben infinidad de islas brillantes, lagunas rojas, costas con
perfil humano, oscuros acantilados donde se estrella el mar en una sinfonía
siempre evocadora, nunca desacorde con la imaginación...Claro está que habría que añadir a todo eso
el sonsoniquete de la tabla de multiplicar, el chirriar de la tiza en la
pizarra, la asignación semanal, las lentes sin armadura del profesor de latín,
el crujir de los zapatos nuevos, la ceniza del habano de papá..Y también rondan
aquellas playas unas azules siluetas indefinidas que tal vez representan el
miedo a la noche, y una movible hilera de insectos multicolores cuya sola vista
produce idéntica sensación a la experimentada junto a los hermanos menores. Y
aquellas campanadas súbitas, inesperadas, que resuenan desde sabe Dios dónde y
se espera bobamente poderlas contemplar grabadas en el mismo cielo...En fin, no
es posible abarcarlo todo, ni siquiera recordarlo.
Pero
lo que no existe allí ciertamente, es la absoluta comprensión del bien ni del
mal. Por más fábulas rematadas en moraleja que nos hayan obligado a leer, por
más cruentos castigos que se acarreen las mentiras de Juanito, por más palacios
de cristal que se merezcan las pastoras buenas, la idea del bien y del mal no
arraiga fácilmente en aquellas tierras encendidas y tiernas, como en eterna
primavera. No existen niños buenos ni malos: se es niño y nada más.
Ana María Matute
Fragmento de Los niños buenos,
incluido en El tiempo y Algunos muchachos
y otros cuentos.
La escritora Ana María
Matute Ausejo nació en Barcelona el 26 de julio de 1926. Publicó sus
primeros relatos a los 16 años. El impacto de la guerra civil quedó ya
reflejado en su primera novela titulada Pequeño teatro (escrita en 1943,
pero inédita hasta 1954, cuando recibió el Premio Planeta). Su visión de la
guerra como un enfrentamiento fratricida se manifestará en muchas de sus obras
con características neorrealistas, como en Los Abel (1948), Fiesta al
Noroeste (1953, premio Café Gijón en 1952), Los hijos muertos (1958, premio de
la Crítica y premio Nacional de Literatura), Primera memoria (que obtuvo el
Premio Nadal en 1959), Los soldados lloran de noche (1964, premio Fastenrath
de la Real Academia Española), La trampa (1969) y La torre vigía (1971). En todas
estas obras la mirada protagonista infantil o adolescente es lo más
sobresaliente y marca un distanciamiento afectivo entre realidad y sentimiento
o entendimiento. Se inician con gran lirismo y poco a poco se sumergen en un
realismo exacerbado. Así sucede en El tiempo (1956), Historias de la
Artámila (1961) y Las luciérnagas, siendo este último un
relato sobre la posguerra cuya
publicacón íntegra se llevó a cabo
en 1993. Anteriormente, en 1954, había aparecido muy censurado bajo el
título de En esta tierra.
Su literatura infantil, que ha cultivado con esmero y cariño, ha
tenido una buena acogida; prueba de ello es que en 1965 obtuvo el Premio
Lazarillo por El polizón de Ulises.
Después de varios años de gran silencio narrativo, en 1984
obtuvo el Premio Nacional de Literatura Infantil con la obra Solo un pie
descalzo. En 1996 publicó Olvidado rey Gudú y fue elegida académica de
número de la Real Academia Española. En 2000 salió a la luz su novela Aranmanoth,
ambientada
en la Edad Media, y el volumen Todos mis cuentos. Entre sus más recientes
publicaciones se encuentra Cuentos de infancia (2002), un curioso volumen
que recoge relatos y dibujos realizados por la autora durante su niñez, La
puerta de la luna. Cuentos completos (2010)
En 2007 le fue concedido el Premio Nacional de las Letras Españolas
por el conjunto de su obra y en noviembre de 2010 el
Premio Cervantes.
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