Otra mujer navarra contemporánea de Emiliana
Zubeldía nacida en el mismo año y en el mes de diciembre fue María del Villar
Berruezo. Recientemente con motivo de la exposición Contra viento y marea, de la mano de la fundación que lleva su
nombre se puso a disposición del público y personas interesadas el texto
divulgativo sobre la vida y la obra de la artista que a continuación se
reproduce en cursiva:
María del Villar Berruezo De Mateo nació en Tafalla en
1888. Salió de su ciudad natal en 1910 con la ilusión de realizar el sueño de
dedicarse al arte y comenzó en Madrid el aprendizaje de actriz, primero, y de
bailarina, después. Debutó como danzarina en Lisboa en 1915, con el nombre
artístico de Noré. Junto a otros artistas de la época recorrió sin tregua un
sinfín de escenarios, de Vigo a Algeciras, de Barcelona a Madrid. Su voluntad y
necesidad de profundizar en la raíz de la danza, le convirtió en estudiosa de
la historia, el arte pictórico, la música, el vestuario… Carácter, rigor,
fuerza, veracidad, son adjetivos que se acomodan muy bien a la trayectoria que
la condujo hasta París, donde a partir del año 1920, deslumbró a un público
versado en espectáculos con su elegancia de movimientos, el lujo de sus
vestidos y su original puesta en escena. María del Villar conoció el éxito en
los más importantes escenarios de Europa. También bailó en África y
Latinoamérica para otro tipo de público que igualmente la recibió con aplausos
y reconoció su valía.
No fue fácil para ella trazar el itinerario
de sus sueños. Logró ser artista “contra viento y marea”. Su biografía está
cincelada por el esfuerzo constante. Cuando Europa entró en guerra, María del
Villar halló refugio en Angola y Mozambique, países que despertaron su
inquietud literaria y le abrieron las puertas a la publicación de artículos,
reseñas, columnas, poemas y relatos en la prensa escrita, así como a la
divulgación de temas relacionados con la danza en distintas emisoras de radio.
La transición entre la extensa carrera de bailarina y la de escritora, se
produjo como una continuidad de la esencia artística de María del Villar.
Publicó
tres libros de poemas, dos de relatos y una novela, y dejó otros tantos textos
inéditos, algunos sin concluir. Jamás se olvidó de su lugar de nacimiento,
infancia y primera juventud; dos de sus libros de narrativa cuentan las
andanzas y avatares de una chiquilla, la Villarica, que poseía la capacidad de
ver un poco más lejos que la mayoría de las criaturas de su edad. Falleció en
San Sebastián en 1977, en casa de sus familiares, a donde llegó desde París, la
ciudad en la que residió la mayor parte de su vida.
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Fotografía de la exposición |