miércoles, 1 de julio de 2015

Dos sonetos de Juan José Domenchina

Paisaje de Guadarrama de Aureliano Beruete




REMEMBRANZA


Aquel aire cernido, transparente;
aquella luz filtrada, maravilla
que aquel sol acrisola, ni amarilla
ni azul: azul de oro exactamente...

Aquella lejanía, inmensamente
llana y sin una sombra, de Castilla,
donde hasta el ocre de la tierra brilla
limpio en el tiemblo de la luz caliente...

Aquel ir sin llegar, perpetuamente
por la llanura interminable, orilla
de aquel mar que es cielo transparente…

Aquella luz... suspensa, ni amarilla
ni azul – azul de oro exactamente-,
entre las nubes blancas de Castilla...

                     De Perpetuo arraigo

                   Juan José Domenchina






CASTILLA, SOL A SOLAS…



Castilla, sol a solas. Tierra andante

y cielo inmóvil. Dicen que es demencia

esta cordura sorda – la paciencia
sofocada y al paso – del viandante.

Ni un árbol. Va sin sombra el hombre errante.
Y anda penosamente. Su insistencia
en seguir avanzando es diligencia
inútil. – No camines, caminante,

porque el polvo que pisas va adelante,
hacia la lejanía. Ten conciencia
de que tienes al lado lo distante

(lo alcanzas con los ojos), y la urgencia
no existe en este llano alucinante
lleno de soledad y transparencia-.

             De El extrañado y otros poemas
                     
                        Juan José Domenchina


 
El Arrabal de Toledo de Aureliano Beruete


El escritor y crítico literario Juan José Domenchina Moreu  nació en Madrid el 18 de mayo de 1898  y murió en México el 27 de octubre de 1959.

Fue en Madrid donde estudió el bachillerato y Magisterio en la Escuela Normal de Toledo, pero nunca llegó a ejercer. Desde muy joven colaboró con sus críticas  literarias  en periódicos y revistas, entre los cuales cabe citar:  Los Lunes de El Imparcial, España, La Pluma, Revista de Occidente y El Sol, firmando como Gerardo Rivera. Durante la República asistía asiduamente a la tertulia del Hotel Regina y fue secretario de Manuel Azaña.

En noviembre de 1936 contrajo matrimonio con la poeta Ernestina de Champourcín y finalizada la guerra, en 1939,  partieron al exilio fijando su residencia en México.

La crítica considera a Domenchina, por su edad y formación dentro del grupo de los poetas de la  Generación del 27; sin embargo, a partir de 1947 su estilo cambió de forma radical.

A su primer libro publicado en 1917, bajo el título  Del poema eterno  siguieron  Las interrogaciones del silencio (1918), La corporeidad de lo abstracto (1929), en su mayor parte constituido por una serie de sonetos;  El tacto fervoroso (1930), Dédalo (1932), Margen (1933) y Elegías barrocas (1934). En todos ellos  el simbolismo, la influencia de la poesía pura al estilo de Paul Valéry y  Juan Ramón Jiménez  dejaron su huella.

Durante el exilio publicó libros significativos: Destierro (1942), Pasión de sombra (1944), Tres elegías jubilares (1946), la segunda de ellas dedicada a Azaña; La sombra desterrada (1950) y El extrañado (1958), considerado el mejor libro de esta fase donde sus poemas alcanzan mayor calidad estética y humana, marcados por la nostalgia, desolación y cierto aire pesimista.

Como novelista, escribió la novela corta El hábito ( 1920) y La túnica de Neso (1929), ambas de corte vanguardista.

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